¿Como Encontrar El Camino De La Felicidad?

¿Te ha pasado de involucrarte en acciones que pensabas que iban a hacerte feliz?. Sólo para darte cuenta que la emoción inicial rápidamente se transforma en aburrimiento o apatía.

 

Te invitamos a saber cómo disfrutar el camino.



(Autor: Carolina Hapon. Lic. en Psicología. Especialista en Desarrollo Personal)


Es común que intentemos prolongar situaciones porque creemos que nos harán alcanzar la felicidad pero al final nos sentimos de nuevo perdidos.

 

¿Cuál es el camino que nos lleva a una auténtica felicidad?

 

En general buscamos poder disfrutar de experiencias agradables: riquísimas cenas gourmet, masajes, buen sexo, viajar por el mundo, comprarnos última tecnología y hasta vestirnos de cierta forma. Para experimentar estos placeres necesitamos estar centrados en nosotros mismos. Implica tener conciencia de nuestras propias sensaciones.

 

El Dr. Seligman, pionero en psicología positiva,  la llama “vida placentera”. Nos encantan estas sensaciones inmediatas que provienen de nuestros sentidos. Pero, malas noticias…Los humanos desarrollamos adaptación muy fácilmente. Es decir, debido a nuestra tendencia al acostumbramiento, el placer producido por estas sensaciones desaparece con rapidez y necesitamos cada vez mayores dosis para disfrutar lo mismo. Te imaginarás que comer un Kg de helado de chocolate de una vez no produce el mismo placer que tomar un poco cada día. Entonces, estas sensaciones no alcanzan para encontrar el camino, la felicidad pide algo más de nosotros.

 

Hay otras actividades que nos atrapan, y curiosamente ni si siquiera están acompañadas de placer. La “buena vida” surge cuando nos involucramos con tal intensidad en algo, que terminamos perdiendo la conciencia de nosotros mismos y del tiempo. No se trata de cualquier tarea, sino de las que requieren algo especial de nosotros: nuestras habilidades especiales.

 

Este estado no siempre va acompañado de caras con grandes sonrisas. Mientras estás totalmente inmerso en el desafío de una competencia o profundamente involucrado en producir algún tipo de arte, o al dejarnos transportar a través de un libro, o en cualquier otro tipo de actividad que te apasione, es probable que no tengas esta manifestación externa de alegría. Y sin embargo nos sentimos comprometidos por completo y nos producen una profunda satisfacción.

 

En los más chicos lo vemos simple. Hay actividades que los llenan de plenitud. No me refiero al estado que generan mientras ven TV, comen un helado o reciben un regalo. Cuando les pregunto a mis hijos qué fue lo que más disfrutaron del día, distinto a lo que pensaríamos, lo mejor no fue comer una hamburguesa o recibir el juguete. Por el contrario, fue en las situaciones que requerían esfuerzo y dedicación de su parte, cuando necesitaron sus fortalezas.

 

Los niños vivencian este estado al jugar un partido de básquet entregando lo mejor que tienen, o al practicar una prueba mortal en la plaza hasta lograrla o al hacer inventos con amigos. Un día mi hijo de 6 años, volvió extasiado por haber pasado el día entero acarreando tierra, tablas y agua para construir junto con sus amigos una pista con obstáculos, lo cual, obvio, les requería mucho esfuerzo. Descubrió que era lo máximo.”¡Esto es mucho mejor que ver TV o jugar a la play!” Me decía emocionado.

 

Esto es porque para alcanzar plenitud necesitamos ponernos en marcha y ejercitar nuestras fortalezas. Es de ese modo como surgen las emociones más genuinas y duraderas. Por supuesto que es genial sentir placeres como de los que te hablé antes (Más adelante voy a contarte técnicas para intensificar los sentidos). Pero si nos acostumbramos a elegir sólo placeres fáciles, nos alejamos del camino a la felicidad perdurable.

 

Por último, cuando usamos nuestras fortalezas para un propósito más allá de nosotros mismos. Cuando las ponemos al servicio de otros, vivimos una “vida significativa”.

 

Identificar nuestras fortalezas, y elegir a qué actividades les dedicaremos más tiempo es una cuestión de decisión diaria. Y seguro que no es fácil cuando llegamos cansados del trabajo. Es mucho más sencillo y relajante tirarnos en el sillón frente al TV. Pero si en esos momentos elegimos bañar a nuestros hijos, ayudarlos a estudiar, o preparar una cena para nuestra pareja, logramos renunciar al placer inmediato por alcanzar una gratificación mucho más profunda, con un sentido.

 

Al vivir con significado y compromiso, los placeres decorarán nuestra existencia. De otro modo vaciamos de contenido nuestra vida. La felicidad verdadera no viene de algo externo o que podamos alcanzar más adelante, está en nosotros, en lo que tenemos para entregar al mundo de una forma única a través de nuestras fortalezas personales. Es una cuestión de decisión diaria.

 

Entonces… ¿Qué vas a decidir para hoy?